Kaiken Wines, el brazo argentino de Viña Montes

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Kaiken Wines, el brazo argentino de Viña Montes. En estas horas el grupo exportador de Chile reúne al pleno de su directorio en la bodega de Mendoza, en Argentina. La nueva etapa de la argentina Kaiken.

Kaiken Wines

En Vistalba, una de las zonas vitivinícolas más antiguas de Mendoza, Kaiken Wines se levanta como una de las bodegas de mayor crecimiento en los últimos tiempos. La clave si puede resumirse sería que se trata de una empresa con valor agregado argentino y expertise chileno.

Aurelio Montes fundó el imperio en Chile. Y hace 17 años se aventuró con esta bodega en Argentina para mostrar los vinos propios con el espíritu argentino. Nació así Kaiken, que se suma al grupo de bodegas de Viña Montes en Chile y Estados Unidos.

La premisa en el terroir Vistalba persigue la premisa global de la empresa: máxima calidad y vocación exportadora. De allí que los vinos producidos en Mendoza en un 90 por ciento tienen destino fuera del país y apenas el resto se distribuye en el mercado local.

Vinos de exportación

Los principales compradores de Kaiken Wines son Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, Alemania y Japón (éste especialmente de su espumante). Hasta ahora la situación va en ascenso: la línea área Lufthansa ofrece en clase Bussines dos de sus vinos Ultra, chardonnay y cabernet. Es casi una hazaña que un vino blanco de Mendoza haya sido aprobado en la carta de una empresa alemana.

Kaiken Wines posee la mayor producción en Vistalba, alrededor de la antigua bodega que ha sido restaurada sin perder su clásica identidad. Sin embargo, la expansión de la empresa ha llevado a contar con viñedos en Chacayes, en el Valle de Uco. E incluso fuera de Mendoza: en el norte de Argentina producen un torrontés al mejor estilo del terroir Cafayate.

El turismo de bodegas encuentra a la bodega como uno de los receptores más importantes de contingentes extranjeros. Entre ellos son mayoría los provenientes de Brasil. Además de un wine shop, Kaiken propone opciones gastronómicas para el visitante. La serenidad y la potencia del paisaje a muy escasa distancia de los centros urbanos dominan los mediodías y atardeceres. Desde una picada adecuada para degustación hasta platos típicos de comida criolla, la experiencia es invalorable.

Los vinos llevan la firma de Rogelio Rabino, otra cinta de seguridad con la calidad y el poder de lo sensorial.

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