Orlando Letelier ya tiene su monumento en Washington

Orlando Letelier es un habitante reciente de la imponente avenida Massachusetts, en Washington. El domingo se inauguró un monumento que lo recuerda, cerca del lugar donde Orlando Letelier fue asesinado en un atentado con coche bomba, en 1976.

La estatua del héroe democrático Orlando Letelier fue presentada en la majestuosa avenida Massachusetts de Washington. Fue víctima de n asesinato ordenado por el dictador chileno Augusto Pinochet. Ronni Karpen Moffitt, un compañero de trabajo estadounidense de Letelier, también murió en el ataque. El hecho se convirtió en un punto de reunión para los defensores de los derechos humanos.

“Se está cerrando el círculo aquí. Lo está devolviendo a esta parte de Washington, donde pertenece”, dijo Sarah Anderson, directora de economía global del Instituto de Estudios de Política, donde Letelier y Moffitt trabajaron cuando fueron asesinados. Y a diferencia de las estatuas de Robert E. Lee y otros líderes confederados, “Orlando y Ronni estaban en el lado correcto de la historia. No veo que estos monumentos se bajen nunca”.

El ataque, planeado por un aliado estadounidense llevó el terrorismo de Estado de Chile a la capital de EE.UU. De manera dramática y trágica. El coche de Letelier explotó en Sheridan Circle, llamado así por el general de la Unión Philip Sheridan, que se conmemora en lo alto de un caballo en un pedestal.

Pinochet culpado por la CIA

Un análisis clasificado de la CIA, publicado por la administración Obama en septiembre de 2016, en ocasión del 40 aniversario del bombardeo, citó:  “evidencia convincente que el presidente Pinochet ordenó personalmente a su jefe de inteligencia llevar a cabo el asesinato”.

El domingo por la tarde, a unas pocas puertas del sitio del bombardeo, decenas de amigos y seres queridos se reunieron para ver la estatua revelada frente a la residencia del embajador chileno.

Cristian Letelier, un actor en California, se paró con dos de sus hermanos bajo la bandera chilena, la cara amable de su padre mirando hacia arriba y en su dirección. Cuando un guitarrista solitario cantó “Gracias a la vida”, “Gracias a la vida”, los ojos de Cristian se enrojecieron y su hija de 5 años, Nicolette, se le subió a los brazos para darle un abrazo.

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