Arabia Saudita y Tom Hanks, capitalismo e ilusión en el siglo XXI

Arabia Saudita y Tom Hanks, capitalismo e ilusión en el siglo XXI. Netflix ofrece en su menú reciente la película «Un holograma para el rey». Tiene algunos años, pero conviene repasarla frente a la actualidad.

Arabia Saudita

Por Mauricio Runno

De tanto discutir el pasado hemos hecho el futuro muy aburrido. En caso que tuviéramos alguno. Tom Hanks, en Arabia Saudita, nos muestra la emoción del porvenir. ¿Qué es el futuro según el diccionario?

1. Que está por venir.

2. Tiempo que sitúa la acción, el proceso o el estado expresados por el verbo en un punto posterior al momento del habla.

A Tom Hanks  podrá amárselo o bien odiarlo. La película «Un holograma para el rey» no admite términos medios. Y allí habrá que tomar partido. El mío es de amor absoluto.

Arabia Saudita es el paraíso a conquistar por un ejecutivo norteamericano, al que la recesión y la agresividad económica china, lo han dejado fuera del american dream. Ha perdido su status, su casa, su esposa, su prestigio y, a duras penas, mantiene una relación con su hija.

Tiene una misión que posiblemente sea la última gran chance en su vida profesional. Luego entenderemos que no: que las chances se presentan hasta el último suspiro. Nada está perdido, muestra Hanks en un país y en ciudades y paisajes que no hacen más que darle mayor soledad y menos sentido a un sistema de creencias nada trascendente.

Si el viaje, como actitud, es un resumen de vida, esta película es una muestra acabada: el amor, el suspenso, la muerte, la ironía, el absurdo, el miedo, lo que concita riesgo. Todo está aquí. Y es Tom Hanks el que contagia un deseo de superación, desde la duda y la desconfianza, hasta de sus propias fuerzas.

La película es una versión road movie de «Lost in translation». Hanks es Bill Murray en el desierto, entre camellos, millonarios excéntricos, religiosos inconfundibles. Y una ciudad que nunca deja de ser una invitación al pecado, la lujuria, los excesos sotto voce.

Hay en «Un holograma para el rey» una vocación estética que la transforma en una película de simple belleza. Rescata ese arduo recurso de hacer bello lo aparentemente sencillo. De a ratos comedia negra, de a ratos un alegato contra el rendirse ante la adversidad, la mejor fábula posible es la que nos entrega sobre el futuro.

El futuro no debería ser una acumulación de pasados, que alguna vez fueron presente. El futuro es más serio, desafiante y emocionante que la ausencia de riesgo y creatividad. Solemos pensar que el futuro es hipotecarse, jubilarse o bien retirarse.

Y aquí me declaro apasionado por esta película, si bien no grandiosa, sí inspiradora.

El futuro está siempre por escribirse. Es la zanahoria para vivir de un modo mejor, por pequeño que sea el avance. Siento al futuro como al mar más desconocido, en el cual hay que cruzar orillas, salir a flote, no entregarse. En esto me pongo al lado de Tom Hanks: sea Arabia Saudita, Filadelfia o la isla de «Náufrago».

Las ciudades y las sociedades construyen su futuro como mejor les viene, de acuerdo a sus intereses. Tal vez esto nos convierta en un mundo plural, variado, con ganadores y perdedores (y empatadores).

Arabia Saudita, para no ir más lejos, dedica más que entusiasmo y discursos en esta categoría. Parte de este plan aparece en la película. Me refiero a la iniciativa «Dubai Future Accelerators», que enlaza a las más innovadoras compañías del planeta con socios líderes en el gobierno a fin de poner a prueba nuevas soluciones para desafíos clave en toda la ciudad.

«Dubai Future Accelerators», en la vida real, se concentra en siete «desafíos del siglo XXI»: la aplicación de tecnologías de vanguardia como la IA (inteligencia artificial) y robótica, la genómica, la impresión en 3D, ledgers distribuidos, biomímica y biotecnología, así como nuevos modelos de negocio y formas de trabajar.

En este contexto la película de Hanks también se explaya, con casos que parecen salidos de una realidad, tan evidente como que Estados Unidos atraviesa un momento de recesión y en la cual China se ha colocado como rey de la competitividad. Para no hablar del reciente sanguinario asesinato del periodista Jamal Khashoggi.