Barcos de lujo, relato de una pesadilla de viaje

Barcos de lujo, relato de una pesadilla de viaje. Mientras que los viajes en barcos de lujo pueden parecer una experiencia glamorosos, una azafata cuenta cómo es vivir en un barco de 100 millones.

Barcos de lujo viaje

Gema es una azafata que ha pasado los últimos nueve meses viviendo en un superyate, considerado barcos de lujo, en las aguas de la Riviera francesa. Ella reveló el aspecto más difícil de su trabajo y afirmó que algunas de sus responsabilidades están en «otro nivel».

“Necesitamos mantener un control riguroso del yate todas las mañanas y durante todo el día”, explicó Gema.

«Tenemos que volver a comprobar que todo funciona correctamente, que los cojines están en el lugar correcto y que no se han movido ni un milímetro».

«Cosas menores que probablemente no haces en casa y de las que ni siquiera te das cuenta», sostiene.

«Las huellas digitales también son esenciales». Todo tiene que estar en perfecto orden. “Parecía como si no hubiera nadie a bordo”, explicó.

“Cuando la gente va al baño, eso es lo más difícil para mí”, reveló. “Cada vez que alguien necesita ir al baño, debemos acompañarlo. Esperas afuera y luego entras y reorganizas todo lo que han usado o tocado tan pronto como terminan», explica.

«Cada detalle. Todo tiene que volver a ser perfecto», explicó Gema, señalando el rollo de papel higiénico con el diamante pegado en él.

Hotel en agua

“El yate debe estar operativo las 24 horas del día, los siete días de la semana, como si no hubiera humanos a bordo. Todos los días, los propietarios gastan mucho dinero. Como resultado, este tiene que ser un servicio de siete estrellas. Es como estar en el hotel más opulento, pero en el agua”, explica.

«Tenemos mucho trabajo por delante. Trabajamos las 24 horas del día, los siete días de la semana. Debemos vigilarlos constantemente, Si fuman, por ejemplo, debe tener el cenicero disponible para ellos tan pronto como terminen de comer”, explicó.

«Tenemos que vigilarlos todo el tiempo, pero no tienen que verte. En cierto modo, soy más un mayordomo que una azafata. Sin embargo, me atrae. Puedo conocer gente de todos los ámbitos de la vida, incluidos los ricos», confiesa.

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