Chile, escenarios políticos tras una constitución fallida

Chile, escenarios políticos tras una constitución fallida. Gente de Chile sin experiencia escribió un borrador de constitución que los votantes la hicieron fallida. El reintento recaerá en expertos y partidos políticos con más voz.

Chile constitución fallida

El 4 de septiembre de 2022, los ciudadanos de Chile rechazaron abrumadoramente una propuesta de constitución. Casi el 62 por ciento de los votantes del referéndum optaron en contra del proyecto, prevaleciendo el “rechazo” en las 16 regiones del país, incluida la región natal del presidente chileno Gabriel Boric, Magallanes (60 por ciento en contra) y el área metropolitana de Santiago (55 por ciento en contra).

Las encuestas de opinión habían pronosticado una pérdida para el gobierno, pero el resultado fue notable: rara vez en el mundo moderno el público ha rechazado un proyecto de reemplazo de la constitución. El rechazo también asestó un duro golpe al presidente y a la izquierda política, que parecen haber interpretado mal su mandato de cambio.

En cambio, Chile debe volver a la mesa de dibujo. El presidente Boric ha declarado públicamente que trabajará con el Congreso y la sociedad civil para desarrollar un “nuevo proceso constitucional”. Sin embargo, persiste la incertidumbre sobre cómo será este nuevo proceso y el tipo de constitución que puede producir. Probablemente, el próximo borrador buscará aportes de una gama más amplia de partidos y actores y será más moderado, sin dejar de representar una ruptura con el estatuto actual.

Contexto

La Convención Constituyente nació del descontento social generalizado. Las movilizaciones masivas estallaron a fines de 2019, primero en respuesta a un ligero aumento en las tarifas del metro de Santiago y luego como un rechazo más amplio a la desigualdad social, el costo de vida y la privatización.

En respuesta al caos en espiral, los políticos de partidos de todo el espectro político firmaron un acuerdo para apoyar una nueva constitución política. Eso ganó más legitimidad a través de un plebiscito de 2020 en el que el 78 por ciento de los votantes estuvo de acuerdo con el nuevo proceso constitucional y luego con una elección de 2021 para elegir representantes para la convención.

El resultado representó un repudio del texto así como del proceso detrás de él.

Partidos tradicionales

Los votantes en esta elección rechazaron a los partidos tradicionales de derecha y, en cambio, dieron su apoyo a la izquierda radical y a las alternativas independientes y populistas. Hasta 65 de los 155 delegados a la convención eran candidatos independientes organizados en nuevas agrupaciones políticas, consecuencia del momento anti-statu quo y algunas reglas electorales desconcertantes que permitían a los individuos competir sin un partido o en listas de candidatos independientes.

Para muchos, la nueva constitución parecía inevitable. Entonces, ¿cómo un proceso que comenzó con una aprobación del 78 por ciento terminó con el rechazo del 62 por ciento de los votantes?

Problemas

El resultado representó un repudio del texto así como del proceso detrás de él. Las encuestas nacionales citan varias motivaciones para los votantes de «rechazo», incluida una evaluación negativa del texto (alrededor del 40 por ciento), las perspectivas de inestabilidad e incertidumbre (alrededor del 35 por ciento) y la adopción del proyecto de «plurinacionalidad» y autonomía para los grupos indígenas (29 por ciento).

Muchos de los delegados electos a la convención eran los llamados octubristas, individuos que habían ganado notoriedad por su papel en la movilización de octubre de 2019 y cuyo comportamiento dañó la credibilidad del órgano constitucional.

Se reveló que uno de esos miembros, el vicepresidente de la asamblea Rodrigo Rojas Vade, estaba fingiendo un diagnóstico de cáncer que había utilizado en su campaña electoral; otro fue amonestado por ducharse con la cámara encendida mientras votaba a distancia. Otros fueron acusados ​​de adoptar un estilo condescendiente y etiquetar a sus oponentes como “bots” o “fascistas”.

Boric

La elección de Boric, el rostro de una izquierda nueva, más joven y progresista, no pareció ayudar. A diferencia de su predecesor, el conservador Sebastián Piñera, Boric apoyó públicamente la convención e hizo de su éxito parte de los objetivos de su gobierno. Ese fue un error de cálculo estratégico. Una vez en el poder, varios de sus ministros cometieron errores que decepcionaron a la base izquierdista y alimentaron la oposición.

El contenido de la propuesta también fue un obstáculo. Entre otras cosas, la gran cantidad de independientes e izquierdistas sin experiencia política ayudó a producir un texto difícil de manejar cuyos 388 artículos habrían convertido a la constitución de Chile en una de las más largas del mundo.

El documento maximalista era a la vez exigente y vago, y cubría temas que iban desde los beneficios de jubilación hasta el acceso a Internet, al tiempo que otorgaba derechos sobre la naturaleza y la vida animal sin explicar en detalle lo que implicaban.

Los participantes de la convención tampoco lograron redactar un documento que fuera aceptable para la mayoría de los chilenos. Los izquierdistas, que ganaron más de dos tercios de los escaños de la convención, no necesitaron los votos de los miembros conservadores de la convención para aprobar adiciones a la propuesta. Tomaron el control total del proceso, agregando disposiciones para legalizar el aborto, exigir atención médica universal y exigir paridad de género en el gobierno.

La constitución propuesta habría consagrado más de 100 derechos en la carta nacional de Chile, más que cualquier otra en el mundo. Muchos votantes se opusieron particularmente a las disposiciones que definirían a Chile como un estado plurinacional y otorgarían autonomía a los once grupos indígenas del país.

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