Chile, nuevo camino constitucional con centralidad en el Congreso

Chile, nuevo camino constitucional con centralidad en el Congreso. Pasaron tres meses de negociaciones en Chile para reanudar un nuevo camino constitucional, con centro en el Congreso como garante.

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Aunque el propio presidente de Chile, Gabriel Boric, reconoció la derrota el 4 de septiembre y llamó a seguir adelante con el proyecto de nueva camino constitucional, la derecha lo tomó como un triunfo, retrasando el proceso. Y llevando la discusión a los pasillos del Congreso.

Así, luego de llegar a un acuerdo el 12 de diciembre, luego de maratónicas jornadas de debate, donde se habló de establecer “fronteras” para no repetir los mismos errores del año de la convención constituyente, recién el pasado miércoles se aprobó la reforma constitucional, en el “Acuerdo por Chile”

Básicamente, para la nueva constitución, un comité de expertos (designados por el Congreso) trabajará en conjunto con un grupo de asesores (votados por los ciudadanos) pero con un punto de partida, las “bases constitucionales”, un borrador que no podrán modificar.

Amarillos

Curiosamente, no fueron los tradicionales partidos Renovación Nacional (RN) ni la Unión Democrática Independiente (UDI) los que tomaron las riendas del proceso sino los “Amarillo por Chile”, conglomerado de intelectuales y personajes de élite encabezados por Cristian Warnken —profesor de español y célebre entrevistador de televisión— quien, aprovechando su familiaridad con los medios, impuso ideas como la necesidad de una constitución que “une” a los chilenos.

En Chile, vale aclarar, la palabra “amarilla” se utiliza desde hace décadas en el contexto de las protestas para designar a los tibios, a los que no se comprometen con nada o incluso a los rompehuelgas.

Sin embargo, ese fue precisamente el nombre que reunió y definió a un grupo de personas influyentes que —supuestamente, al menos— no estaban de acuerdo con el modelo neoliberal pero tampoco con la “violencia” de quienes protestaron prácticamente todos los días hasta marzo de 2020 cuando el aislamiento comenzó debido al Covid-19.

La imagen de Warnken firmando el acuerdo, sin siquiera haber obtenido el mínimo de firmas para que su grupo constituya un partido, es elocuente del momento que vive el país.

Bases

El despojo del campo para la nueva Constitución surge precisamente de ciertos “excesos” —al menos para la derecha y centroizquierda”— de la convención constituyente, por ejemplo la instalación de la “plurinacionalidad” que, a la manera de Bolivia, reconoce constitucionalmente la identidad y diversidad de los pueblos originarios, algo que molestó a los patriotas chilenos que, de paso, también aprovecharon para viralizar en las redes sociales noticias falsas como el supuesto fin del himno nacional, la bandera o incluso la propiedad privada.

Es también una forma de evitar, ante los ciudadanos que deberán votar el próximo año la nueva Constitución —en un calendario aún por definir— los debates que encendieron la convención sobre temas como el papel del Estado o el sistema económico.

Entre las bases están:

  1. “Chile es una República democrática, cuya soberanía reside en el pueblo”;
  2. “El Estado de Chile es unitario y descentralizado”;
  3. “La soberanía está limitada por la dignidad de la persona humana y los derechos humanos reconocidos en los tratados internacionales ratificados por el Estado de Chile y que se encuentran vigentes. La Constitución establecerá que el terrorismo, en cualquiera de sus formas, es esencialmente contrario a los derechos humanos”;
  4. “La Constitución reconoce a los pueblos indígenas como parte de la nación chilena, que es una e indivisible. El Estado respetará y promoverá sus derechos y culturas”. También se señala que los emblemas son la bandera, el escudo y el himno nacional y que el Estado se divide en los tres poderes tradicionales: ejecutivo, judicial y bicameral.

Frente Amplio

El golpe ha sido profundo en el interior del oficialismo, integrado por la coalición Apruebo Dignidad, integrada por el Frente Amplio (surgido tras las protestas estudiantiles de 2011) y el Partido Comunista junto a los ex partidos de la Concertación que gobernaron durante 30 años tras el retorno. a la democracia en 1989 como el PS o el PPD.

La estrategia parece ser no profundizar en las razones de la derrota de una constitución centrada en los derechos sociales, los pueblos originarios, las mujeres y el medio ambiente, que también es una derrota para el gobierno.

En todo caso, figuras como la diputada comunista Karol Cariola se han desviado un poco del guión, diciendo que no pueden celebrar un acuerdo de estas características: “Aquí se dio un diálogo democrático. ¿En las mejores condiciones? Yo diría que no. ¿Es óptimo? Yo diría que no”.

Aunque luego ella diría que su partido respetaría el acuerdo hecho. Diego Ibáñez, diputado y presidente de Convergencia Social (uno de los partidos del Frente Amplio) acusó de “exceso de tutela”, resultado de no reconocer el derecho de los ciudadanos a debatir a favor de una élite de derecha que desconfía del resto.

Pero Boric en uno de sus habituales momentos de brutal honestidad fue más directo: “Prefiero, como dije en algún momento, un acuerdo imperfecto a no tener acuerdo, porque Chile necesita una nueva Constitución y un nuevo pacto social. Quizás no tendrá la épica que nos hubiera gustado, pero esa oportunidad la tuvimos y la perdimos. Una vez alcanzado el acuerdo, me parece que no hay lugar para intentar modificar parte de su esencia. No estás en política para hacer solo lo que te gusta”.

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