Cristina Kirchner y Bergoglio cazan Vicentín, ¿y esto era todo lo que pensaron?

Cristina Kirchner y Bergoglio atrapan Vicentín, ¿y esto era todo? La pretendida expropiación de una empresa argentina por parte de Cristina Kirchner y la aprobación del Vaticano, convertido en think tank del peronismo.

Kirchner Vicentín

Por Mauricio Runno

Editor General News of the World

 

Esta entrada tiene dos partes. La más importante es la segunda. Se trata del análisis de Carlos Pagni sobre la anunciada expropiación de la empresa argentina Vicentín, a manos del gobierno. No solamente considera una estatización inesperada, en medio de la crisis argentina que escala drásticamente a partir de la pandemia, sino que es una radiografía sobre las personas que han intervenido en otras políticas similares.

Funcionarios que atienden en distintas ventanillas, como Carlos Zannini, empresarios que invierten sin jugarse el dinero propio, como José Luis Manzano, actores de reparto, como el propio presidente Alberto Fernández, y la misma familia obsesionada con las empresas exitosas, la de los Kirchner.

La primera parte es la que comienza aquí y es la que desemboca en el video del final. Es una cronología de un día que va del domingo último por la noche, a la del lunes.

Lanata en televisión. Informe sobre Alicia Kirchner, concuñada de la actual vicepresidente de Argentina, o la tía del diputado Máximo. A cargo del Ejecutivo de una provincia llamada Santa Cruz, Alicia ordena compra de lavandina para ayudar en la higiene contra el Covid-19. «Pagó 128,65 el litro de lavandina -en una adquisición de 4 mil unidades-, producto que en los supermercados se vende a un precio que ronda los 62 pesos».

Antes de dormirme con no sé cuál capítulo de la serie The Morning Show leo y veo en Twitter que el presidente, el otro Fernández, rompe la cuarenta en un corner de la Patagonia, en un pequeño pueblo tan alterado por la extensa comitiva presidencial, que lo despiden sin gloria. Y se quedan con la pena: el poblado Villa La Angostura se confina a una cuarentena con comunicados de los médicos deseándole una especie de «gracias, presidente, pero no era necesario».

Me duermo. Sueño con dormir 7 horas, de corrido, hace meses. Obvio que no sucede. Despierto un par de horas más tarde, en el silencio de la noche larga de la cuarentena.

Tomo café. Mucho. Reviso archivos. Me enfoco en las noticias de un huésped clave en el Vaticano, el argentino Augusto Zampini, un ascendente cuadro de Bergoglio en Roma. «Queremos que los líderes aprieten el botón de resetear», dice. «El coronavirus no es un castigo de Dios, sino una autopunición», dice. «Estamos aprovechando este momento de confinamiento para elaborar alternativas que integren las áreas de ecología, salud, economía y seguridad», dice. «La tentación es querer salvarnos solos de esta tormenta -mi grupo, mi región, mi nación, mi empresa. Anticipen el futuro, nos dijo el Papa. Así que analizamos las consecuencias socioeconómicas, culturales, políticas y espirituales de la pandemia, con ciencia y fe, con lo mejor de nuestra tradición, pero con imaginación, pues esta es una crisis nueva que requiere de respuestas novedosas».

Empieza Longobardi con Sting, a las 6 de la mañana. El resumen del resumen: no nos han invitado ni a la decisión de caminar tranquilo, olviden las decisiones más cruciales de la vida. La nuestra es de ellos. La de ellos, de ellos.

Hay un revuelo porque otra Fernández, Anabel, una representante de Mendoza, trabaja con ahínco, pero no para Mendoza, sino para las zonas del Litoral. Ante la única idea que mueve a una provincia «rica» y «paradisíaca», la única gran idea, esta Fernández parece complotada con el otro Fernández y la reina Fernández, y todos los Fernández se niegan a respaldar la obra Portezuelo del Viento.

La única gran idea del autodenominado paraíso deja a Mendoza en el enojo, no por la posesión de una única idea, sino por depender de la firma de una sola persona.

Se hace el mediodía. Mientras cocino también se cocina un rumor en lo de Maxi Montenegro. En TV la información aparece como misteriosa versión. Habría un anuncio del presidente en algunas horas, el Fernández con menos poder político de todos los Fernández. La tele no miente, se dice, porque la «ves». Ponele.

Siesta que se retrasa por el sol, el aire libre, el otoño menguado. Todo bastante triste, como la Argentina, tampoco nada raro.

Regreso. Otro The Morning Show hasta que me duermo. Por fin. Era hora.

Cuando despierto ya está expropiado el conglomerado de empresas Vicentín invocando una sanata lisérgica, borrachos del poder, para peor.

Todos hablan. Menos Cristina Kirchner y Jorge Bergoglio. Los socios del silencio.

Vicentín por Pagni, pensando en YPF

 

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