Gabriel Boric se sienta en la presidencia para reformar Chile

Gabriel Boric se sienta en la presidencia para reformar Chile. Asume en Chile el presidente más joven en la historia del país y es el mismo Gabriel Boric el que sabe que tiene un trabajo difícil por delante.

Gabriel Boric presidencia Chile

La elección de Gabriel Boric como presidente de Chile en diciembre fue sin duda el evento político más importante acontecido en América Latina en 2021.

Boric derrotó a José Antonio Kast, un partidario de extrema derecha del dictador Augusto Pinochet, y se postuló con una plataforma de mayor protección social para los pobres y mayores impuestos para los ricos. El éxito o fracaso del gobierno de Boric afectará la capacidad de la izquierda para renovarse en la región. Pero la nueva administración, encabezada por el presidente más joven en la historia del país enfrenta un enorme desafío.

El gabinete juvenil, progresista y mayoritariamente femenino de Boric está inspirado en el socialismo democrático de Salvador Allende, el primer líder socialista de Chile. Su tarea es velar por una transformación profunda de la sociedad chilena, enterrar el modelo económico neoliberal y construir un país más justo e inclusivo.

La movilización de los movimientos sociales será fundamental para ello. De hecho, Boric y el ciclo político actual es el resultado de una década de movilización social en Chile.

Chile ha pasado de laboratorio del neoliberalismo a caldero de luchas y durante mucho tiempo ha sido considerado un paradigma de desarrollo para las economías emergentes, porque combinó la apertura económica con la estabilidad democrática. Pero el neoliberalismo chileno se desacreditó cada vez más cuando estallaron protestas masivas en octubre de 2019.

Activismo estudiantil

La movilización de estudiantes de secundaria en 2006 y universitarios en 2011 proporciona un marco para entender este cambio. De hecho, el nuevo presidente de Chile (quien ganó las elecciones con más votos que cualquier otro candidato en la historia del país) comenzó su carrera política en el activismo estudiantil.

En 2012, Boric fue elegido presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), uno de los dos principales gremios estudiantiles del país. Dos de sus más cercanos colaboradores y aliados políticos en ese momento fueron los destacados líderes estudiantiles Camila Vallejo y Giorgio Jackson.

Vallejo, quien ahora es la vocera del gobierno de Boric, fue presidente de la FECH en 2011. Jackson, a quien Boric eligió como su secretario general, fue presidente de la FEUC en la Universidad Católica, el segundo sindicato de estudiantes más grande de Chile, también en 2011. Jackson fundó el partido Revolución Democrática surgido de las protestas de 2011.

Los tres, Boric, Vallejo y Jackson, protestaron con vehemencia contra la comercialización de la educación durante el primer mandato de Sebastián Piñera como presidente (2010-14). Diez años después de la ‘primavera chilena’ de 2011, Piñera entregará las riendas del poder a una generación de líderes estudiantiles.

El ascenso de Boric al cargo más alto del país muestra la relación entre el ciclo de movilización de masas y la política electoral. El activismo estudiantil de 2011 tuvo un efecto político inmediato. Boric, Vallejo y Jackson se convirtieron en miembros electos del Congreso, uniéndose a un grupo de estudiantes en la cámara baja de la legislatura de Chile, la Cámara de Diputados.

Bachelet

El llamado a un cambio radical también allanó el camino para el regreso de Michelle Bachelet a La Moneda, la sede del gobierno de Chile, como presidenta en 2014. Bachelet, socialista y pediatra, había sido presa política y fue torturada durante la dictadura de Pinochet. Se postuló en una plataforma reformista que apoyaba el matrimonio homosexual y el aborto y llamó a sus seguidores a “enfrentar la desigualdad”.

Sin embargo, hubo un profundo descontento con la lentitud de las reformas prometidas por Bachelet. Cuando Piñera ganó las elecciones presidenciales en noviembre de 2017, fue visto como una indicación de la disminución de la influencia política de 2011.

Protesta ecologista y feminista

También en 2011, otro movimiento popular destacaba los riesgos ambientales que plantea el extractivismo chileno en cinco áreas fuertemente industrializadas conocidas como “zonas de sacrificio”. Establecidos en la década de 1950 para ayudar a impulsar el desarrollo económico de Chile, los residentes de estas zonas contaminadas enfrentaban mayores riesgos de salud que el promedio nacional. Hubo marchas contra el enorme proyecto hidroeléctrico HidroAysén , que proponía construir cinco enormes represas en dos ríos en una hermosa parte de la Patagonia (el proyecto finalmente fue cancelado en 2017).

En 2016, miles de chilenos también se sumaron al movimiento ‘ No más AFP ‘, que pedía acabar con las administradoras de fondos de pensiones (AFP). Se consideró que el sistema de pensiones privatizado de Chile, vigente desde 1981, no proporcionó pensiones decentes que permitieran a los jubilados vivir con dignidad. En cambio, fueron considerados un pasaporte a la pobreza.

Las mujeres fueron decisivas para inclinar la balanza contra Kast y su discurso conservador.

En 2018, la desobediencia civil feminista arrasó en Chile. Estudiantes universitarios protestaron contra el acoso sexual y la violencia de género, bajo la etiqueta #EducaciónNoSexista, y exigieron el fin de la cultura del machismo. Esta movilización feminista agudizó el cuestionamiento del modelo chileno de desarrollo, pero más que eso, empoderó políticamente a las mujeres. En 2021, cuando Boric y Kast se enfrentaban en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, las mujeres fueron decisivas para inclinar la balanza contra Kast y su discurso conservador.

Finalmente, los movimientos mapuches de los habitantes indígenas del centro-sur de Chile, que surgieron con fuerza en la década de 1990, han seguido presionando por cambios en el modelo de Estado-nación, para lograr una mayor autonomía y la restitución de sus tierras ancestrales.

Todos estos diferentes hilos de movilización masiva generaron presión dentro del sistema político, que finalmente explotó, como una olla a presión, en las calles de Santiago el 18 de octubre de 2019.

Nueva constitución

El principal efecto político de la explosión de la olla a presión fue que creó las condiciones adecuadas para el cambio constitucional. A diferencia de otros países de la región, Chile tuvo una transición incompleta a la democracia después de la dictadura, y la constitución creada en la era de Pinochet siguió definiendo a la nación.

Boric y sus aliados y simpatizantes habían criticado durante mucho tiempo la constitución, y el modelo de libre mercado de Chile, por limitar la voluntad del pueblo, privatizar los derechos sociales y favorecer a los ricos y privilegiados a expensas de todos los demás.

Las protestas de 2019, que ocurrieron casi a diario en todo el país, no arrojaron una demanda clara, pero se hizo evidente que no se pueden encontrar soluciones sin una nueva constitución. El 15 de noviembre de 2019, el Congreso llegó a un acuerdo para reformar la constitución, con Boric apoyando la decisión, a pesar de la oposición de su partido Convergencia Social y las fuertes reservas de grupos activistas.

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