Guadalajara, cómo se convirtió en destino de diseño en México

Guadalajara, cómo se convirtió en destino de diseño en México. Pasado y presente, tradicional y de vanguardia, todos tienen un lugar en la vibrante comunidad artística de diseño de Guadalajara, en México.

Guadalajara diseño México

En 2006, la diseñadora industrial Laura Noriega dejó su ciudad natal de Guadalajara para estudiar en Milán, con la intención de no volver nunca más. La escena artística en la segunda área metropolitana más grande de México había estado creciendo durante una década, pero Noriega encontró a la comunidad del diseño estancada, desconectada de las ricas tradiciones artesanales que aún se practican en toda la región. Sin embargo, dos años después, cambió de opinión.

“Comencé a visitar mercados y talleres y me di cuenta de que no conocía México”, dice. Noriega terminó abriendo un nuevo camino profesional acercándose a su cultura con una curiosidad y un deseo de saber que no tenía cuando se fue.

Noriega es uno de los muchos artistas y arquitectos, diseñadores e ilustradores que regresaron a casa en esa época después de irse para dedicarse a sus oficios en otro lugar, aprovechando la riqueza de la artesanía que durante años habían pasado por alto.

Hoy, ella y su marca Tributo, que produce artículos para el hogar con artesanos diseminados por todo el centro de México, es parte de una comunidad en expansión de fabricantes que transforman Guadalajara en un centro de diseño.

Arte mexicano

A lo largo del siglo XX, Guadalajara produjo algunas de las principales luces del arte mexicano, desde el muralista José Clemente Orozco, cuya ardiente obra hace que Rivera parezca educado, hasta Luís Barragán, cuyo estilo arquitectónico se convirtió en la abreviatura de la estética modernista del país. Pero la mayoría se fue de Guadalajara para avanzar en sus carreras.

A principios de la década de 2000, muchos de los jóvenes creativos de la ciudad hicieron lo mismo, aunque hubo excepciones: las hermanas Julia y Renata Franco comenzaron su línea de moda, Julia y Renata, en el garaje de sus padres en 1993, casi al mismo tiempo que José. Noe Suro comenzó a producir obras para artistas contemporáneos en el estudio de cerámica de su familia, Cerámica Suro. Aún así, dice el diseñador y artista Aldo Álvarez Tostado, quien se mudó a Guadalajara en 2005, “el boom que ves ahora, que no existía hace 15 años”.

Cooperativa Occidente

En 2013, Álvarez Tostado creó una cooperativa llamada Occidente para reunir al talento local. Ese año, las 12 firmas de diseño de la cooperativa montaron un puesto en la primera feria de diseño del Abierto Mexicano de Diseño en la Ciudad de México, desafiando las percepciones de Guadalajara como un lugar provincial. Sin embargo, es precisamente esa atmósfera de pueblo pequeño, a pesar de que la población del área metropolitana supera los seis millones, lo que hace que Guadalajara sea tan atractiva para los creativos que han regresado.

A pocas horas de la ciudad, Álvarez Tostado trabaja con canteros para tallar vasijas de calaveras con gráficos llamativos para su marca Piedrafuego, productos que vende en un taller en el centro histórico de la ciudad. Noriega, quien tiene una elegante sala de exhibición en la frondosa Colonia Lafayette, trabaja con el ceramista Ángel Santos en el pueblo de Tonalá para producir mezcaleros de arcilla bruñida,

“Lo que nos interesaba de estar aquí era hacer en lugar de diseñar”, dice Cárdenas. Guadalajara, dice, “te permite vivir al ritmo que demandan los materiales”. El acceso a las tradiciones y el tiempo para comprenderlas, dice la artista gráfica Rocca Luis César, “abre un espacio para la experimentación”.

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