Las claves de la reforma de la Constitución pinochetista

Las claves de la reforma de la Constitución pinochetista

Estallido social en Chile 

Después de descartarla de plano, porque “no era prioridad” frente a la “agenda social” que proponía, el gobierno finalmente cedió –luego de una reunión con los dirigentes de Chile Vamos– y anunció que iniciará un proceso para redactar una nueva Constitución. El mecanismo aún es incierto. El ministro del Interior, Gonzalo Blumel, dijo la noche del domingo 10 que se haría a través de un “Congreso Constituyente” que cuente con “una amplia participación de la ciudadanía, y en segundo lugar que pueda tener un plebiscito ratificatorio”.

Todavía no queda claro si se elegiría un Congreso especial para este fin o si el actual quedaría a cargo de cambiar la Carta Fundamental. Tampoco cómo van a participar los ciudadanos. ¿Será solo a través de un plebiscito para ratificar lo que redacte el Congreso? ¿Aceptarán los chilenos que el parlamento, una de las instituciones más castigadas en las encuestas, sea el protagonista de los cambios?

Para la experta constitucionalista Claudia Heiss, que el gobierno se abra a redactar una nueva Constitución es una cuestión de supervivencia. La politóloga, jefa de la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile e investigadora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), explicó en entrevista con CIPER que el gobierno y la derecha “deben hacer concesiones que, por supuesto, van a significar que pierdan poder, pero deberían ceder poder y ceder riqueza. Hoy la derecha y la izquierda tienen que tender puentes, trabajar en conjunto. Tenemos que poder convivir y, para hacerlo, los que están mejor tienen que ceder un poco. Insisto: ceder poder y ceder riqueza. No hay otra”.

Como dijo la primera dama, Cecilia Morel: “Disminuir privilegios y compartir con los demás”. Ese proceso, a juicio de la experta, es lento y debería tener una participación activa de la ciudadanía.

-¿Cómo podríamos abrir esta discusión?

Un plebiscito es una buena manera. Lo importante es que no se use solo para cerrar la discusión, sino que para abrirla. Porque el peligro es que alguien proponga una Constitución y diga “tenemos este texto, hagamos un plebiscito, elijan: sí o no”. Ahí no hay debate.

“Todo lo que en las protestas llaman «abusos», es porque nos falta protección social. Lo que en otras constituciones se consideran derechos económicos y sociales, en esta Constitución se estableció que son «libertades», que no son derechos. Un ejemplo es que establece libertad de enseñanza, no derecho a la educación”.
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-Eso es, precisamente, lo que se ha planteado que podría ocurrir con la propuesta del gobierno.

Los plebiscitos son binarios: sí o no. Entonces, sería muy malo cerrar esta discusión sin haber socializado con los ciudadanos los detalles de lo que va a tener la Constitución. Lo peor que podría pasar es que se haga entre cuatro paredes, negociada en el Congreso, y que luego se ofrezca a la ciudadanía que diga “sí/no” y que la única participación sea esa. Hay que fortalecer la política: mejorar las organizaciones sociales, sindicatos, agrupaciones que permiten articular a la gente. Porque si tenemos un movimiento social atomizado, de personas que individualmente van a reclamar por cosas distintas, es imposible articular respuestas. Creo que hay una conciencia mucho más grande de que la Constitución sí afecta la vida diaria de las personas de lo que las élites creen. Es cosa de ver las paredes por estos días: entre los rayados contra las Fuerzas de Orden y contra el Presidente, está lleno de rayados que piden una Asamblea Constituyente.