Lima Limón, de Chile a Perú vía Japón

Lima Limón, de Chile a Perú vía Japón. En Marsella una de las opciones gastronómicas destacadas la representa Lima Limón, que combina platos típicos de Chile y Perú, con la pátina nikkei del Japón.

Lima Limón Chile Perú

Siempre es una habilidad especial descubrir pequeñas direcciones agradables en el centro de cualquier ciudad, como es el caso de Lima Limón, un restaurante ubicado en Marsella (Francia)

Está equipado con cocinas tan prácticas como funcionales y, no es lo más sencillo, recluta talentos que de ninguna manera envidian a otros cocineros más alborotadores.

Daneri Vargas compone el menú peruano y la fusión de Lima Limón. Desde el almuerzo hasta la cena, siempre está completo, a menos que los días soleados permitan sacar mesas y sillas hacia la terraza. Para una pausa al mediodía, un tête-à-tête íntimo o antes de ir al espectáculo nocturno, este micro-restaurante es ideal.

En Provenza se habla de croquetas y en Chile se sirven como empanadas.

Perú y Chile forman fronteras comunes, por eso no es de extrañar encontrar platos típicos y fusionados, adornados con carne de res, pollo, atún, camarones o verduras. Por lo general acompañados de una asombrosa mayonesa de cilantro picante.

Ceviche

El ceviche también está disponible en modo eglefino-coco o eglefino picante. Dos variaciones de pulpo (nikkei, leche de tigre con pimiento rojo y oliva de almendra) recuerdan la constante influencia de la inmigración japonesa al Perú y su impacto en la cocina.

Los tiraditos son un buen ejemplo de esta gran brecha entre las dos culturas. El atún, las trufas y el tataki se iluminan con notas de limón, algunos matices amargos destilados por los brotes jóvenes. El sabor “carbonatado” y terroso de la trufa asociado al delicado yodo atraerá a los amantes de la tierra y el mar, al igual que las vieiras cortadas en tiras revividas con leche de tigre, maracuyá y chimichurri ahumado.

Esta micrococina de 4 metros cuadrados logra muchos milagros con cada servicio. Cada plato es pesado, calibrado, milimetrado para dar placer. El conjunto es ligero, refinado, otros dirán «tranquilo». Los platos en carta oscilan entre los 30 y 40 euros.

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