Nueva narrativa de Chile, voces del cambio de época

Nueva narrativa de Chile, voces del cambio de época. La historia en Chile pareciera escribirse a cada hora, con una velocidad tan vertiginosa que la nueva narrativa a veces atrapa, a veces no.

Chile nueva narrativa

La literatura busca el tono de la periferia olvidada, que fueron (y son) el combustible de los cambios sociales; contando otras historias y esquivando los centros de poder, situándose en las aristas insurgentes del registro humorístico.

Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) reflexiona sobre masculinidades y afectos. Con soltura, irreverencia y burla (a la solemnidad literaria), Alejandro Zambra escribió Poeta chileno (Anagrama, 2020), un cálido inventario de poetas y afectos, libros y chilenismos. Su voz auténtica y brillante convive con la de otros grandes referentes de la literatura chilena, porque la novela trata precisamente del ruido poético, lo literario puesto en el podio (y en duda) y el sentido de pertenencia (literario, nacional, padre-hijo, generacional).

Y como es habitual en él, escribe sobre su país. En una crónica reciente habló de las relaciones intergeneracionales en el clima político chileno: “Voy a votar por un candidato más joven que yo”, escribe. Hay una derrota ahí, pero no sin belleza. La derrota de mi generación”.

Paulina Flores (Santiago de Chile, 1988), a partir de casos reales, construye la historia ficticia de Lee, un coreano que salta de un barco factoría explotador y se instala en Punta Arenas.

La última novela de Paulina Flores, también escrita como comedia, es una historia cruda y urgente sobre los marginados del fin del mundo; casos reales de orientales que navegan el Estrecho de Magallanes en condiciones miserables. El tono es casual, humorístico, pero ella es cuidadosa y perspicaz al burlarse del horror. Construye distintas voces –capitales, regionales, incluso la de un coreano perdido en la traducción– que dialogan con una nitidez inusitada, y su estilo es absolutamente descarado.

Pesadillas plurales

Benjamín Labatut (Rotterdam, 1980) acerca la ciencia a la literatura en un ensayo híbrido sobre los límites de la locura y la cordura en un mundo de pesadillas plurales.

Quizás el más explícito en contextos políticos sea Benjamín Labatut. SSu reciente ensayo La piedra de la locura (Anagrama), también trata de disparates, pero ahonda, más que en ciencia e hibridez, en los límites de la cordura y el desenfreno. Lo que es fascinante es cómo teje los hilos temáticos en una interminable red de asociaciones.

Labatut es un cuerpo calloso, un conector que hace un viaje sutil a través de sus hemisferios y obsesiones científicas. Y en medio de todo el entramado, pone sobre la mesa el “pos” del estallido social: “El país se durmió -escribe-. Pero los bebés se despiertan aullando”.

Bruno Lloret (Santiago de Chile, 1990) habla de desolación y orfandad en una historia fragmentada que se desarrolla en un norte chileno tan decadente y distópico como real.

Su novela es una joya escondida de la literatura chilena. Ubicada en un desolado y explotado norte de Chile, la voz de Nancy es la de una mujer que sabe que va a morir y necesita contar una historia que ha sido silenciada. Y lo que cuenta es toda una vida de abandono y violencia, pero lo cuenta casi sucintamente, al estilo de Bonsai, de Zambra.

Es una historia de contrastes: la comunidad desordenada y la soledad, la ternura –de un humor suave y conciso, que recuerda a Vonnegut, también por el “así fue” que se repite en la novela– y la crudeza; Las radiografías de Nancy y los espacios en blanco que, de repente, se llenan de cruces. Una novela estética, arquitectónica y musical, porque como la música se constituye a partir de silencios métricos.

Los noventa

Arelis Uribe (Santiago de Chile, 1987) retrata con lucidez a la clase media-baja del Santiago de los noventa. Edredones (Tránsito) pasea por el Santiago marginal de los noventa. Son historias sobre lo popular, sobre lo propiamente chileno y lo callejero.

Uribe es una escritora chilena lacónica, cotidiana, y en eso hay una poesía innegable. Se trata de lo que cualquier libro: seres humanos; pero también de perros, del miedo a andar solo de noche. Un quiltro -palabra mapudungun- es justamente eso: un perro sin raza. En el libro de Uribe también hay una representación de las protagonistas de cada historia: mujeres a la deriva, callejeras, mestizas.

Como escribe Labatut, “los bordes de la realidad han comenzado a sangrar”. Pero Chile ha conquistado a la comunidad en el camino hacia la reconstrucción de un país devastado no por los incendios, sino por la violencia sistémica. Pero finalmente seguimos adelante. Estamos redactando una nueva constitución juntos. O simplemente: estamos escribiendo. Estamos escribiendo.

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