Suiza, ¿modelo para la democracia en Chile?

Suiza, ¿modelo para la democracia en Chile? Asesora de convencional constituyente de Margarita Vargas cree que “Chile tiene mucho que aprender de la democracia suiza” en busca de modelo.

Chile modelo democracia

Desde hace dos meses, Paulette Baeriswyl ha vuelto a Suiza. La chilena de 38 años, cuyos antepasados ​​son de Suiza, sonríe con alegría, su largo cabello cae constantemente sobre su rostro mientras habla. Durante un año fue asesora de Margarita Vargas, diputada indígena a la convención constitucional chilena.

Durante este período, la Constitución Federal Suiza ha sido su compañera más fiel. “Chile tiene mucho que aprender de la democracia suiza”, dice la estudiante de doctorado de la Universidad de Zúrich que también enseña historia del derecho.

Durante los últimos doce meses, Chile ha redactado una Constitución completamente nueva. En octubre de 2020, luego de un referéndum, el pueblo de Chile encomendó a una convención constitucional especialmente elegida la tarea de redactar la nueva ley fundamental. Los diputados de esta convención luego miraron alrededor del mundo, incluso en Suiza. El objetivo era fortalecer la democracia, la descentralización del Estado y la convivencia de los diferentes pueblos indígenas con la sociedad chilena mayoritaria.

El 4 de septiembre de 2022 el pueblo volverá a votar, esta vez sobre la aplicación efectiva de la nueva Constitución. Las encuestas auguran un resultado cerrado. El profesor chileno de Derecho, Javier Couso, catedrático de la Universidad de Utrecht, no se deja desconcertar: “de una forma u otra, el proceso constituyente chileno habrá permitido avanzar hacia más democracia. La población chilena desea aumentar su participación, y en ese sentido, países como Suiza son un perfecto ejemplo”.

Protestas 2019

En octubre de 2019, gran parte de la población chilena salió a las calles para oponerse al gobierno de derecha de la época, el de Sebastián Piñera, y al sistema económico neoliberal. A pesar del uso de violencia masiva y abusos contra los derechos humanos, el gobierno no pudo poner fin a las protestas. Muy rápidamente, mucha gente exigió una nueva Constitución, en un afán de reformar el Estado, con más derechos sociales y mayor participación democrática. El 15 de noviembre del mismo año, una nutrida coalición de diputados decidió finalmente iniciar un proceso constituyente.

Gabriel Boric, el actual presidente de Chile, era parlamentario en ese momento. Luego apoyó la propuesta de un proceso constitucional. El día que se finalizó el proyecto de nueva ley, señaló el hecho de que Chile había “optado por más democracia” en medio de su crisis política.

Javier Couso, jurista y especialista en temas constitucionales, está convencido de que “muchas veces más participación democrática significa más estabilidad política”. Esto es lo que vemos en países latinoamericanos como Uruguay, pero también en Suiza. “Hay más control y los gobernantes deben estar más atentos a la opinión de la población”, explica el investigador, quien se posicionó a favor del nuevo texto.

La actual Constitución chilena incluye una serie de cargas heredadas de la dictadura de Augusto Pinochet. Javier Couso está convencido de que sólo una nueva versión permitirá poner fin a este pasado. Según el profesor, esta idea es generalmente compartida por toda la sociedad.

Participación política

La población sufría de falta de participación política, explica Javier Couso: ya no bastaba con la elección de las parlamentarias y de la presidenta. Otro problema es la centralización del país. Casi la mitad de la población vive en la capital Santiago y casi todos los grandes grupos pagan sus impuestos allí, aunque sus mayores centros de producción se encuentran en otras partes del país. «La gente de las regiones se sintieron excluidas”, continúa el abogado.

Además, Chile no ha podido resolver el conflicto que ha durado años con las comunidades indígenas, comunidades cuya cultura alguna vez fue suprimida y que fueron expulsadas de sus tierras.

Nueva Constitución

La nueva Constitución es, a los ojos de sus partidarios, un intento de resolver estos diversos problemas. La diputada constitucional Camila Zárate destaca en particular las fortalezas de un ejemplo como el de Suiza. Este activista ambiental fue elegido a la convención como representante de la ciudad portuaria de Valparaíso.

“Las experiencias de multilingüismo, estructura federal o democracia directa en Suiza nos han inspirado mucho”, explica. Ecuador también ha servido como ejemplo para una mejor protección del medio ambiente.

De aceptarse el texto, Chile introducirá varios instrumentos de democracia directa, incluido el derecho de iniciativa o los referéndums legislativos. En Suiza, hay tres elementos esenciales de la democracia directa. Chile podría tener cuatro en el futuro.

Las 16 regiones del país deberían ganar autonomía del estado central. Además, debería ver la luz una “Cámara de Regiones”, es decir, un Consejo de Estados, según el modelo suizo. Independientemente de su población, las regiones estarían representadas por igual número de diputados. El número exacto aún está por determinarse por la próxima reforma legislativa.

Además, según el proyecto de Constitución, Chile en lo sucesivo sería considerado un Estado plurinacional. Una propuesta fuertemente criticada por los opositores, porque contradice la idea de un solo pueblo viviendo juntos en un mismo estado. Según el proyecto, diferentes naciones, es decir, los pueblos indígenas y la población chilena, coexistirán en un estado común.

Este concepto ya ha sido aplicado en Bolivia y Ecuador. Sin embargo, para Camila Zarate: “siempre hemos vuelto a Suiza, un país donde diferentes pueblos han decidido convivir manteniendo lenguajes y estilos de vida específicos”. El hecho de que sea posible tener varios idiomas en la vida cotidiana y en la política, y que pueda funcionar sin serios problemas, ha sido muy inspirador, prosigue la diputada.

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